Desde Semana Santa, no he parado de viajar (por trabajo eso sí) y no había tenido tiempo de publicaros esta entrada. He aterrizado hoy y menuda sorpresa cuando he visto mi jardín blanco de nieve al llegar a casa. ¿No se supone que estamos en primavera?.

Con este clima, no se me ha ocurrido nada mejor que ponerme a escribir por fin mi visita a Estrasburgo de la pasada Semana Santa. Si todavía no tienes planes, coge el tren o el coche, y ¡pon rumbo a Francia este puente!.

La ciudad

Estrasburgo es una ciudad francesa en la región de Alsacia, en la frontera entre Francia y Alemania. Está a 2h 15min en coche de Zürich, 1h al norte de Basel.

Es una de las ciudades más bonitas que he visitado últimamente, con una combinación increíble de cultura, arquitectura y buena comida. Además, Alsacia es una región vinícola y durante el camino encontrarás extensiones enormes de viñedos que dibujan un paisaje precioso. Te recomiendo que te salgas de la autopista en Colmar y te acerques a Estrasburgo por carretera nacional para disfrutar del paisaje y parar en alguno de los pueblos de la zona como Eguisheim, Riquewihr o Kayserberg. Os escribiré una entrada en breve sobre estos pueblos.

Estuve 1 día y medio y creo que es el tiempo perfecto para visitar la ciudad, pero se me hizo corto y me hubiese gustado tener un día más para visitar los alrededores. Además, debido a la lluvia decidí no visitar el Parc de l’Orangerie y dejarlo para la próxima visita (que ocurrirá en breve seguro).

Estrasburgo es una ciudad para caminarla (de hecho, caminé 18km durante mi estancia) y para descubrir cada uno de sus rincones. Te voy a hacer un resumen de las cosas más importantes de la ciudad, pero te recomiendo que te pierdas por las calles, pruebes los quesos, los vinos, los cafés y disfrutes de cada rincón como yo lo he hecho.

¿Qué visitar?

Catedral de Estrasburgo

Está situada en pleno centro histórico y su altura y tamaño son impresionantes. Como datos curiosos, os diré que hasta mitad del siglo XIX fue la catedral más alta del mundo, con 142m de altura. Como la mayoría de catedrales europeas, nunca llegó a finalizarse y por este motivo, tan sólo tiene una torre. No me enrollo más con datos que para eso está Wikipedia y su explicación detallada de la catedral.


La visita a la catedral tiene 3 partes: subida a la torre, visita de la nave y visita al reloj astronómico.

Por desgracia, el domingo Santo, la entrada a la catedral y al reloj no están permitidas ya que se reserva para el culto. Nos quedamos con muchísimas ganas y tengo que reconocer que intenté colarme para mirar por una puertecita, pero los inmensos guardias de seguridad armados me hicieron renunciar a ver el interior. Está abierto todos los días del año excepto algunos días en semana santa y navidad. Se puede consultar en la web de turismo de Estrasburgo (cosa que no hice) para saber si estará abierta o no de antemano. La entrada es gratuita.


Lo que sí pude hacer es subir a la torre. Las vistas son increíbles, puedes observar el palacio Rohan, la diferentes plazas, los puentes cubiertos de la Petit France y toda la extensión de la ciudad. Para llegar hasta lo alto hay que subir 300 escalones por una escalera de caracol. Los que me conocéis bien estaréis alucinando, porque sabréis que tengo vértigo y lo paso fatal con este tipo de escaleras, pero de verdad, vale la pena superar todos los miedos y cerrar los ojos por las escaleras porque las vistas desde arriba son increíbles. La entrada para subir a la torre cuesta 5euros y se compra en la misma catedral, en el acceso lateral para subir a la torre.


Vale la pena pararse a mirar la plaza de la catedral y rodearla. En ella, podréis ver la Maison Kammerzell, considerada la casa más bonita de Estrasburgo y también el palacio Rohan, donde actualmente se alojan el museo de bellas artes, el museo de artes decorativas y el museo arqueológico.


Plaza Gutenberg

La plaza Gutenberg es una de las plazas del casco antiguo. En ella, hay una estatua de Johaness Gutenberg y un precioso tiovivo. Los edificios que la rodean son de estilo clásico y vale la pena destacar la Casa de Comercio, con su imponente fachada. Además, desde esta plaza, si te diriges hacia la catedral encontrarás una de las calles más bonitas del centro.


Plaza Kebler

Es una plaza grande, con varias terrazas donde sentarse a tomar algo. Cuando estuve había una feria de libros antiguos en la que pasé un largo rato. En uno de sus laterales está el edificio Aubette, Nos dijeron que en Navidad, en esta plaza es donde se hacen los espectáculos de luces y que muy a menudo hay eventos, así que creo que vale la pena acercarse a verla y de paso, mirar si hay suerte y encuentras algún evento.

Palacio de Justicia y biblioteca

Camina hasta la plaza de la república donde encontrarás la que yo he bautizado la Rotonda más bonita vista hasta ahora, robándole el puesto a la rotonda de la plaza España de Barcelona, con las vistas de Montjuic y el MNAC.

Alrededor de ella encontrarás el palacio de justicia, la biblioteca nacional y el teatro. Todos ellos edificios de corte clásico que quitan el hipo. Si sigues caminando en dirección a la universidad, encontrarás con el río y la iglesia de Saint Paul.


Iglesia de Saint Paul y paseo por el río

La iglesia de Saint Paul fue un descubrimiento, no había oído hablar de ella y me dirigía a la universidad cuando de repente, se alzó ante mi vista. Merece dedicarle unos minutos y parar a contemplarla. Supongo que al lado de la catedral de Notre Damme, pasa a un segundo plano pero podría ser una iglesia principal en muchas otras ciudades europeas. Desde ella, si sigues el cauce del  río, puedes ver una zona donde hay varios barcos cafetería y un puente lleno de candados de “amor”. Siempre me ha sorprendido lo de poner un candado para demostrar que te quieres, pero bueno, cada uno lo demuestra como le parece. La pena es que los candados pesan, y acaban dañando la mayoría de puentes…


Yo me volví a adentrar en el centro por la iglesia de San Tomas, que me introdujo de lleno en la petit France donde continué mi recorrido.


La petit France

La petit France es una zona de la ciudad, separada del casco antiguo por el río Ill. Está delimitada por el puente de San Martín y los puentes cubiertos. Es una zona con un encanto especial, como transportarte a un pequeño pueblo dentro de una gran ciudad. En la edad media, era el barrio de los gremios de Estrasburgo y hoy en día es una zona llena de restaurantes, tiendas y cafés y con muchísimo encanto.


Al igual que el resto del casco antiguo de Estrasburgo, vale la pena callejear y perderse por las calles pero hay un par de puntos que vale la pena no perderse: la esclusa en el puente de Saint Martin y los puentes cubiertos con sus torreones. Se puede subir a lo alto de  los puentes cubiertos y contemplar la ciudad, la catedral, el río y todas sus callejuelas.


Párate en alguna de las cafeterías con terraza y disfruta de unos macaroons alsacianos o un trozo de kugelhopf con un café.

Cómo moverse:

Estrasburgo es una ciudad para caminar. Para llegar al centro, puedes coger el tranvía. Las paradas cercanas al centro son: Langstross grand’rue u Homme de fer.

Si te acercas en coche, puedes dejarlo en alguno de los aparcamientos P+R de las afueras de la ciudad. Son zonas de aparcamiento conectadas con un bus o tranvía directo al centro. Son económicas (unos 5euros al día) e incluyen el billete de transporte público para ir al centro. Si tienes poco tiempo, puedes encontrar un parking en la plaza Gutenberg.

Yo tenía el hotel un poco alejado del centro y me dirigí al centro en tranvía los dos días.

El billete individual cuesta 2euros pero tienen abonos diarios por 4,30 para una persona (24h ALSA + EMS) o 6,80 para dos o tres personas (24h trio). Yo acabé caminando y sólo cogí el tranvía para ir y volver del hotel.

Si necesitas más información sobre el transporte público puedes obtenerla aquí

Dónde y qué comer:

Los productos más típicos son las Flamkuche, el chucrut con carnes, el Kugelhopf, el pain d’epices (similar a los läckerli suizos) los macarons alsacianos (no confundir con los parisinos), los quesos de leche cruda de vaca y los vinos.

Para disfrutar de las flamkuche me acerqué a uno de los mercados callejeros que encontramos en Semana Santa.  Si no las conocéis, las flamkuche son una especie de pizza con una masa súper fina y que llevan queso quark, cebolla y bacon. Recién hechas son una delicia, con una base crujiente y una cobertura súper jugosa. En Suiza también las puedes encontrar de forma habitual.

Por desgracia, no puedo recomendaros ningún sitio donde comer Chucrut ya que no me convenció el que probé. Así como tampoco me gustaron los crepes que comimos en la plaza de la catedral (sí, me dejé llevar por el espíritu turista e intenté comer en una terraza en la catedral esperando buena comida…).

Podéis encontrar pain d’epices y Kugelhopf en casi todas las pastelerías, tiendas de souvenirs y tiendas de alimentación varias. El pain d’epices es un pequeño dulce, entre bizcocho y galleta con una mezcla de especias tradicional. Muy ricos para acompañar una taza de té. El Kugelhopf es un bizcocho tipo “bund” o budín muy tradicional en la zona. Puedes encontrar diferentes versiones: con miel, con especias, etc. Es muy esponjoso aunque para mi gusto un pelín seco, similar a las bicas portuguesas pero perfecto si lo acompañas de una buena taza de leche.

En la región tienen otro dulce al que llaman macarons d’alsace. La base es similar a la de los macarons parisinos (un merengue de almendra muy fino) pero la forma es diferente y no llevan relleno. En la mayoría de pastelerías y chocolaterías (hay muchísimas y todas con una pinta estupenda) también venden los macarons clásicos. Por cierto, no es local, pero si eres un amante de los macarons clásicos, en las galerías LaFayette puedes encontrar un tienda Pierre Herme, el creador de estos dulces franceses. Sintiéndolo mucho, pero la versión suiza de los macarons, (se les llama Luxemburgeli), no está a la altura de los macarons de París así que caí en la tentación y acabé comiendo también macaroons de Herme.

Para probar los quesos, os recomiendo parar en alguna Epicerie donde hagan degustaciones  y probar los diferentes tipos de queso locales (si es posible, acompañado de un vino alsaciano). Yo paré en L’Epicerie, las tablas de queso individuales cuestan unos 10euros y hay de diferentes tipos. Justo enfrente de la tienda tienen un restaurante basado en quesos y productos locales en caso que busquéis algo más contundente.

Como colofón, tuvimos una cena en Bistrot Coco. Una maravilla de la cocina técnica a un precio razonable teniendo en cuenta la calidad del producto (35-50 por persona). Respeto máximo por los productos con un enfoque moderno. No es cocina tradicional pero lo dejo apuntado en mi lista de sitios donde volveré seguro.

 

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